miércoles, 14 de mayo de 2014


El Ser humano, no solo ha sido provisto gracias la casual evolución de la naturaleza de un regalo y una condición que nos hace ser capaces de pensar, racionalizar, discernir, analizar, sentir o amar sino que tal cualidad humana también nos otorga aspectos egoístas, como la envidia, el orgullo, avaricia, la mentira, la manipulación o la violencia.Es esta mezcla de inteligencia e irracionalidad, nos convierte en inmensamente peligrosos tanto para el resto de humanos, como para nosotros mismos. 

Todos llevamos dentro el instinto natural de la ley de la supervivencia por la que nos nos protegemos defendiéndonos incluso atacando ante cualquier amenaza tanto hacia nuestra persona como al entorno al que sentimos pertenencia o nos identificamos. Son distintos los grados de sentimiento de pertenencia e identificación. De más importante a menos, tales grados se pueden resumir en estos: El primer grado y más importante para cada persona es el de la familia. Segundo el de comunidad, bien una asociación o un barrio, amigos o conocidos con intereses comunes. Tercero: el de índole política con ideas comunes. Cuarto el de índole territorial, como son las regiones, países. No existe un quinto grado que nos una frente a una amenaza a todos los seres humanos, pues de momento, y recordando las palabras de Ronald Reagan en la ONU, si existiera una amenaza alienígena, todos los humanos olvidaríamos las diferencias que tanto nos empeñamos en que nos separen.

En parte, el ser humano ha logrado crear un orden estructural de convivencia, mediante normas morales y leyes que nos permiten vivir en relativa armonía, aunque tal paz total sea claramente una utopía. Surgen a diario y en cualquier ámbito y magnitud numerosos conflictos por razones muy variopintas e insignificantes. Siempre aparecerán multitud de disputas a raíz de la índole negativa que la irracionalidad nos dió: la envidia, el egoísmo, y el consecuente odio, violencia, mentira y manipulación por parte del ser humano. Jueces existen y siempre existirán con el fin de lidiar los incesantes conflictos que provoca nuestra distinta y peculiar forma de pensar. Una forma de pensar que, muy contrario a lo que debería ser para un ser racional, nos viene moldeada Somos robots programados a pensar como lo hacemos. No todo lo que absorbemos y damos por cierto viene dado por la experiencia propia, sino por lo que otra persona cuenta. De ahí la capacidad de manipular y la condición de ser manipulados que cualquier persona posee. La Justicia absoluta se convierte también así en una utopía. Cada persona o grupo social interpreta la justicia de muy distinta manera, lo que hace que, lo que para uno es muy justo, para otro es tremendamente injusto. A raíz de ello, esta diferencia de pensamiento generará desacuerdos constantemente, lo que a su vez nos sirve de justificación para las atrocidades e irracionalidades con las que actuamos.

Más allá de todo esto, el ser humano es un ser compuesto de multitud de seres microscópicos auto funcionales, como son las células, que increíblemente se ha desarrollado mediante la asociación común. Somos pura física y química. Tal es, que una sola deficiencia de tal maquinaria y nos convertimos en algo totalmente diferente; una sola carencia de producción química hormonal afecta seriamente al nuestro comportamiento, a nuestras emociones; puede llegar desde hacernos sentir euforia hasta sentir depresión, por lo que estas sustancias como la dopamina, endorfina, serotonina, adrenalina y demás y su correcta producción son responsables, en gran medida, de nuestra manera de pensar y sentir. Se podría decir que nadie es responsable totalmente de muchos de sus actos, sino que un defecto de fabricación es, en gran parte, el culpable de tales comportamientos. Muchos trastornos de comportamiento como por ejemplo esquizofrenia, trastorno bipolar, trastornos depresivos, incluso trastornos psicópatas se deben un defecto o una mal función de nuestro organismo.

Al convertirnos en el ser dominador de éste habitat, llamado tierra; al ser el animal mas depredador de todos que carece de una amenaza superior, nos estamos convirtiendo en una plaga. Cada año la población mundial crece a un ritmo brutal. Somos una pandemia, demasiados humanos que necesitan demasiados recursos y que sobreexplotan el planeta finito en el que hemos evolucionado, de tal manera que estamos acelerando el ritmo del deterioro natural y biológico de éste planeta. Nada es eterno y mucho menos nosotros, nisiquiera nuestro planeta ni nuestro astro sol. Llegará un futuro día que nuestra estrella se agotará y la tierra morirá junto con él. Quien sabe si el azar del universo nos destina precipitadamente la colisión con un asteroide o cometa que reformateará de nuevo esta vida en la tierra como la conocemos. Esto que cada día comprendemos mejor y que sabemos que ya ha ocurrido, solo es cuestión de tiempo que vuelva a ocurrir, borrando toda la vida y las huellas que hemos dejado en la tierra. Quien no podría pensar que ya existió alguna otra especie dominante e inteligente, muy distinta a la nuestra, previo incluso a los dinosaurios y previo a algún cataclismo que hizo que sus huellas fueran totalmente borradas de la faz de la tierra con el paso de millones de años.

No logramos entender que hay cosas que jamás seremos capaces de saber con certeza y nos vemos en la necesidad de formular teorías de autoengaño como esa necesidad racional de ponerle una explicación a  circunstancias incomprensibles y potencialmente traumaticas. Nos surgió así la necesidad de poner un destino físico a nuestra condición de consciencia de nuestra existencia, e inventar dioses creadores y controladores de la vida, a quien acudir cuando se extingue tal vida. Muchas veces me surgen preguntas de donde estará ese dios ,bien sea Alá, Buda, o el dios cristiano que otras personas nos inculcan y exigen creamos. A veces imagino a un dios reposando tras la gran creación, realizando preguntas, entrando en una crisis de identidad existencial, pensando en que si él creó al ser humano, quien lo crearía a él? Quizás otro redios!! Así mismo, si tuviéramos una respuesta cierta a esta incógnita existencial, ésta, nos llevaría a otras miles de preguntas más, y así, hasta el infinito. Nuestro autómata racional, nos crea un mecanismo de defensa, haciéndonos creer fielmente en algo sin prueba alguna, es decir, crea una inconsciencia, pues tal desconocimiento nos abruma, enerva vertiginosamente, y nos roba el confort y estabilidad psicológica de nuestra consciencia existencial.

Necesitaríamos con urgencia,  la raza humana, reflexionar profundamente acerca del camino hemos tomado. Está claro que necesitamos reglas y normas de convivencia que controlen los desvaríos irracionales propios de nuestra especie. Necesitamos unas normas comunes, homogéneas y lo mas justas posibles unificadas para todos los habitantes de nuestra tierra. Necesitamos ser controlados por nuestro propio bien mediante un plan común, que acentúe todo lo que nos une por encima de lo que nos separa. La única alternativa para esto solamente pasa por instaurar un gobierno global, democrático, justo e incorrupto. Al igual que actualmente nos imponemos restricciones y controles para la reducción de las emisiones de contaminantes, también necesitaríamos controlar y restringir la población, la natalidad, y por supuesto repartir las riquezas equitativamente, invertir en desarrollo sostenible, salud y solidarizarnos con todos nuestros iguales, con el fin de equilibrar un sistema en el que todos podamos vivir en bienestar, igualdad, respetando el medio en el que habitamos sin dañarlo, para que nuestra volátil especie perdure el mayor tiempo posible mientras el azar y el tiempo del universo nos lo permita.  En definitiva, algo que a mi modo de ver creo que es algo imposible y quimérico. Si es difícil poner de acuerdo a dos personas, ¿como vamos a poner de acuerdo a 7.000 millones?